Infraestructura para que Ñuble dé el salto que merece
Sebastián Godoy Bustos – Presidente Cámara Chilena de la Construcción Ñuble.
La Región de Ñuble se encuentra en un punto de inflexión. Si bien hemos visto un crecimiento del PIB regional del 2,5% en 2025, no podemos ignorar que nuestra participación en el producto nacional sigue siendo marginal, alcanzando apenas un 1,7% del PIB total. Más preocupante aún es que mantenemos una tasa de pobreza por ingresos del 23,9%, posicionándonos como la tercera región con mayor incidencia a nivel país. Para revertir estas cifras y mejorar la calidad de vida de nuestros habitantes, Ñuble necesita dar un salto cuantitativo y cualitativo, y la herramienta fundamental para ello es el Informe de Infraestructura para el Desarrollo Sostenible (IDS) 2026-2035.
Desde la Cámara Chilena de la Construcción, hemos identificado que la región requiere una inversión de USD 5.181 millones para los próximos diez años. No se trata de un listado de deseos, sino de un análisis técnico, sistemático y trazable de requerimientos en ocho sectores clave, agrupados en ejes estratégicos de infraestructura basal, movilidad y uso social.
El mayor desafío técnico y financiero reside en la conectividad digital, que representa el 23% de la inversión total, seguida por la movilidad interurbana con un 16%. Proyectos como Circunvalación Oriente son críticos, pero hoy se encuentran bloqueados por la falta de concordancia entre planos reguladores, lo que evidencia la urgencia de modernizar nuestra planificación territorial. Asimismo, la escasez de áridos para obras estratégicas, como la tercera pista y la propia circunvalación, se ha vuelto un cuello de botella que debemos gestionar con urgencia ante la presión de la demanda desde regiones vecinas.
Para que Ñuble dé el salto, debemos abordar nudos estructurales que trascienden los ciclos políticos. Actualmente, enfrentamos una baja ejecución presupuestaria y una débil coordinación interinstitucional. Es urgente transitar hacia un modelo donde la infraestructura sea una política de Estado.
En el ámbito productivo y de resiliencia, la inversión en recursos hídricos de USD 453 millones es vital. La concreción de los embalses Chillán, San Fabián y Zapallar no es solo una necesidad agrícola, sino una garantía de seguridad hídrica para el consumo humano y el desarrollo rural. En paralelo, debemos destrabar los proyectos de transmisión eléctrica, donde los cuellos de botella no son solo regulatorios, sino que responden a demoras en permisos ambientales y servidumbres de paso, como ocurre en las subestaciones y líneas proyectadas para 2025-2030.
Finalmente, el desarrollo urbano de la intercomuna Chillán-Chillán Viejo requiere una inyección de USD 158,67 millones para proyectos como el desnivel de Parque Lantaño y el mejoramiento de avenidas como Paul Harris y Vicente Méndez. Estas obras son esenciales para mitigar la congestión y mejorar la productividad logística regional.
Como gremio, ponemos a disposición el IDS 2026-2035 como una hoja de ruta técnica para las autoridades locales. El salto que Ñuble merece requiere certeza regulatoria, agilidad en la tramitación y una visión de largo plazo que priorice proyectos estratégicos sobre decisiones discrecionales.
Solo así convertiremos a nuestra región en un polo de desarrollo sostenible y resiliente.
