Trata de personas: la esclavitud moderna presente en Ñuble
Cristopher Reyes Bórquez-Seremi de Justicia y Derechos Humanos Región de Ñuble
Cada 30 de julio, el mundo detiene su rutina para recordar una de las más crudas realidades de nuestro tiempo: la trata de personas. Esta fecha, instaurada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2013, no es solo un hito simbólico, sino un llamado urgente a la acción. Porque la trata no es un delito lejano ni ajeno. Es una herida abierta en nuestra sociedad, y Ñuble no está exenta.
La trata de personas, reconocida en Chile por la Ley 20.507, es mucho más que una infracción penal. Es una violación flagrante a los derechos humanos, una forma moderna de esclavitud que despoja a sus víctimas, en su mayoría mujeres, niños y niñas, de su dignidad, libertad e integridad. Es un crimen silencioso, que se oculta en la cotidianidad y se alimenta de la vulnerabilidad.
Desde 2022, la región de Ñuble ha dado un paso significativo al conformar la Mesa Intersectorial de Trata de Personas (MITP), liderada por la Secretaría Regional Ministerial de Justicia y Derechos Humanos. Esta instancia permanente reúne a diversas instituciones públicas, organizaciones de la sociedad civil y organismos no gubernamentales con un objetivo común: prevenir, asistir y perseguir este delito con una mirada integral y coordinada.
La labor de la MITP no es menor. A través de sus tres subcomisiones: Fiscalización Preventiva; Prevención, Capacitación y Difusión; y Asistencia a Víctimas, se han desplegado acciones concretas: capacitaciones a funcionarios públicos, empresarios y entes fiscalizadores; operativos de fiscalización en locales nocturnos y comercios diurnos; y actividades de sensibilización ciudadana. Todo esto con un enfoque claro: visibilizar lo invisible, romper el silencio y fortalecer la prevención.
Sin embargo, la realidad es compleja. En Ñuble existen casos de trata que, por dificultades probatorias, han debido ser judicializados bajo otros tipos penales. Esto no solo evidencia la sofisticación del delito, sino también los desafíos que enfrentamos para erradicarlo. La trata no siempre se presenta con cadenas visibles; muchas veces se disfraza de promesas laborales, de relaciones afectivas o de oportunidades migratorias.
Combatir este flagelo requiere más que voluntad institucional. Requiere compromiso ciudadano, educación, empatía y una profunda convicción de que ninguna persona debe ser tratada como mercancía. Porque mientras haya una sola víctima, nuestra tarea no estará cumplida.
Ñuble ha comenzado a caminar en la dirección correcta. Pero el camino es largo, y la indiferencia no puede ser una opción.
